Iré a buscar horizontes
y a estar muy cerca del mío
Natalie Pérez, En las olas
Este viaje llegó en un momento muy particular. Y digo llegó aunque yo lo busqué, y aún así llegó.
Mi cuerpo, el universo, dios o todos juntos supieron lo que iba a necesitar incluso antes de que yo lo supiera. Literalmente, instantes antes.
Fui con una experiencia oxidada, nada de estado físico, sedienta de aventura y convencida de que me estaba mandando una locura preciosa. Lo confirmé.
Fui con el apoyo de cada uno de los que me aman, incluso con el equipo de varios de ellos y me sentí muy acompañada en cada paso que dí.
Fui y me encontré más manos amigas de las que esperaba, desconocidas y desconocidos que me abrieron las puertas de su casa, en muchos casos de su corazón, me dieron fuerza e incluso hicieron fuerza por mí.
Fui y aprendí lo importante de encontrar mi propio ritmo, ese que me pide a gritos mi respiración. A respetarlo, valorarlo y amarlo, sabiendo que ese es el único ritmo al que yo puedo caminar mi propio camino, incluso acompañada.
Fui y me maravillé hasta las lágrimas y las carcajadas por lo que veía, olía, escuchaba, SENTÍA. Y también fui muy afortunada de poder contemplar lo que la vida me mostraba, implacable e impredecible.
Fui y volví con más aprendizajes que los que estoy alcanzando a contar.
Volví y redescubrí (y reafirmé) que mi camino es el de la confianza. Confianza en mí, en los procesos, en las personas, en la naturaleza, en la vida. Confianza que no siempre me es fácil reencontrar, aunque el universo siempre se encarga de mostrarmela todas las veces que yo necesite.
Por lo tanto, sólo puedo agradecer. Gracias a todas y cada una de las manos amigas por ayudarme a hacerlo posible, por cuidarme y respetarme. Y gracias a la vida que me ha dado tanto (en chiste pero de verdad).
Me siento plena, feliz, agradecida y con la fuerza que necesitaba para seguir este camino. Mi camino.
